Carlos III obliga a su hermano Andrés a abandonar la mansión tras los nuevos datos del caso Epstein

Nuevas pruebas documentales sobre Jeffrey Epstein han intensificado el escándalo que rodea al príncipe Andrés de Inglaterra. El rey Carlos III ha tomado medidas drásticas para distanciarse públicamente de su hermano, ordenando su evacuación inmediata de la mansión real que ocupaba desde hace décadas en el castillo de Windsor.
La decisión real se concretó tras la divulgación de millones de documentos por parte de la justicia estadounidense. El monarca había anticipado ya esta acción en octubre, consciente de la gravedad creciente de los antecedentes vinculados al financiero fallecido. Ahora ejecuta el desalojo del exduque de York junto con su exesposa Sarah Ferguson y sus dos hijas.
La propiedad que Andrés abandonó constituye una residencia de extraordinarias dimensiones, con treinta habitaciones, dependencias para el servicio y vastas extensiones de terreno. El príncipe realizó inversiones significativas en 2003 para asegurar su ocupación, pero posteriormente nunca pagó renta alguna bajo términos simbólicos establecidos contractualmente.
Fotografías recientemente reveladas muestran encuentros íntimos entre Andrés y Epstein que documentan la cercanía de su relación. Adicionalmente, una segunda mujer ha presentado testimonio de haber sido trasladada al Reino Unido para encuentros sexuales con el príncipe durante 2010. La Policía Metropolitana de Londres abrió investigación formal sobre estas acusaciones emergentes.
El premier Keir Starmer ha instado públicamente a Andrés a comparecer ante comités legislativos estadounidenses si genuinamente apoyan los derechos de las víctimas. Virginia Giuffre, quien fue víctima de Epstein desde los diecisiete años, alcanzó un acuerdo económico extrajudicial con el príncipe en 2022 sin que este admitiera responsabilidad oficial.
Actualmente, Andrés reside en una vivienda considerablemente más modesta ubicada en el complejo de Sandringham. Esta reubicación marca un contraste drástico respecto a su anterior estatus residencial. El desplazamiento representa la respuesta institucional británica a presiones públicas internacionales crecientes sobre su permanencia en posiciones privilegiadas.



