El uso del preservativo se desploma entre adolescentes mientras crece la práctica del coito interrumpido

La proporción de adolescentes que practican relaciones sexuales se ha mantenido estable durante veinte años, pero los mecanismos de protección han experimentado un deterioro notable, particularmente después de la pandemia. El estudio HBSC 2022 sobre comportamiento sexual en España, realizado dentro del proyecto internacional Health Behaviour in School-aged Children, advierte sobre una reducción histórica del uso de preservativos en jóvenes de 15 a 18 años.
Conforme al informe presentado por el Ministerio de Sanidad, el 34,8% de los adolescentes ha tenido relaciones sexuales con penetración, cifra prácticamente equivalente a la documentada desde 2006. Este dato refuta la creencia de una sexualidad creciente en estas edades: no existe mayor actividad sexual que antes, pero sí menor seguridad.
El cambio más significativo ocurre en 2022. En su última relación sexual, únicamente el 65,5% empleó preservativo, lo que representa una caída de 10 puntos respecto a 2018 y 18 puntos en relación a 2002, cuando su uso llegaba al 83,8%. Se trata del mínimo histórico registrado y el retroceso más pronunciado documentado hasta el momento.
Las adolescentes utilizan menos protección que los adolescentes varones (60,8% versus 70,6%), y además, el descenso a través del tiempo ha sido más intenso en ellas. Durante los últimos veinte años, el uso de preservativo disminuyó 21,7 puntos entre chicas, en comparación con 14,7 puntos entre chicos. La combinación de cambios hacia anticonceptivos hormonales, modificaciones en la percepción del riesgo e inequidades en la negociación de protección dentro de las parejas explican parcialmente esta brecha.
El uso de píldora anticonceptiva se incrementa en paralelo, alcanzando el 15,9% en la última relación sexual. Aunque previene embarazos de manera eficaz, no protege frente a infecciones de transmisión sexual. Además, uno de cada cuatro adolescentes admite utilizar métodos poco seguros para prevenir embarazos, y uno de cada tres cuando se trata de protegerse de infecciones.
La menor utilización de preservativos entre chicas, sumada a la práctica frecuente de coito interrumpido (16,9%), evidencia una mayor vulnerabilidad en la salud sexual de las adolescentes. Las conductas sexuales de riesgo afectan desigualmente: adolescentes de hogares con menor poder adquisitivo presentan inicio sexual más temprano, menor protección, mayor recurso a métodos ineficaces y más embarazos.
El inicio sexual a edades tempranas (13 años o antes) se estabiliza en 2022 alrededor del 19,8% en adolescentes de 15 y 16 años, tras años de descenso. El patrón varía por género: aumenta entre chicas y disminuye entre chicos, invirtiendo la tendencia anterior. Un dato positivo es el descenso continuo del embarazo adolescente: solo el 2,9% de chicas sexualmente activas ha estado embarazada.
Paradójicamente, el uso de la píldora de emergencia permanece elevado y estable: el 32,3% de chicas sexualmente activas la ha usado alguna vez, después de aumentar considerablemente entre 2010 y 2014. El escenario resultante muestra menor preocupación por embarazos, pero también menor conciencia sobre ITS, en un contexto donde la educación sexual sigue siendo desigual. Los adolescentes no tienen más relaciones sexuales que antes, pero las tienen con menor protección.



