Seis días después de la borrasca Kristin, decenas de miles de portugueses permanecen sin luz, agua ni comunicaciones

Portugal enfrentó hace una semana el temporal más devastador de los últimos decenios, y ahora soporta nuevas adversidades meteorológicas. La borrasca Kristin azotó con vientos superiores a 200 kilómetros por hora, destruyendo miles de viviendas, derribando árboles gigantescos e inundando calles. Esta situación ha generado cuestionamientos sobre la respuesta del Gobierno de Luís Montenegro, criticado por su actuación tardía en los primeros momentos de la catástrofe que causó seis muertes directas.
A los seis fallecimientos iniciales se sumaron tres muertes adicionales en días posteriores, consideradas víctimas indirectas del desastre. Dos personas perecieron al caer desde sus tejados durante trabajos de reparación, y un tercero falleció intoxicado por monóxido de carbono al utilizar un generador como fuente de energía ante la falta de electricidad en su vivienda.
En Leiria, epicentro de la catástrofe, la situación seguía siendo crítica. Cientos de personas formaban colas en el pabellón municipal para obtener alimentos básicos y materiales de construcción. El hospital local atendió a aproximadamente quinientas personas heridas durante tareas de limpieza y reconstrucción, evidenciando la magnitud del impacto humanitario del temporal.
Seis días después, 180.000 personas permanecen sin electricidad debido a daños en torres de alta tensión y afectaciones del 7% de la red de distribución. Las telecomunicaciones y los suministros de agua tampoco se han normalizado completamente en todo el territorio. Los embalses portugueses debieron descargar 500 millones de metros cúbicos de agua, volumen suficiente para abastecer a tres millones de habitantes durante tres años, según datos del 29 de enero.
La solidaridad ciudadana se movilizó con envío de alimentos y materiales de primera necesidad hacia las zonas más afectadas, aunque la distribución no fue uniforme. La Asociación de Víctimas de los Incendios de Pedrogão Grande criticó que nuevamente el interior enfrentó solo la adversidad, comparando esta respuesta desigual con la de anteriores catástrofes. Los alcaldes continúan realizando llamadas desesperadas pidiendo refuerzos, especialmente de bomberos voluntarios que trabajan exhaustos.
El Consejo de Ministros extraordinario del domingo aprobó prolongar el estado de calamidad en 68 municipios afectados y un paquete de ayudas de 2.500 millones de euros. Sin embargo, la oposición y líderes locales sostienen que la respuesta inicial fue lenta, insuficiente y tardía, contribuyendo al aumento de la devastación. El presidente Marcelo Rebelo de Sousa sugirió crear una comisión técnica independiente para evaluar los fallos en la gestión.
Montenegro defendió su gestión argumentando que se implementaron todas las medidas posibles de prevención y que la evolución del temporal no fue anticipada por nadie. A pesar de los reproches recibidos de alcaldes, oposición y el presidente de la República, mantiene que se colocaron todas las fuerzas en alerta para enfrentar la adversidad. Mil militares fueron movilizados posteriormente, pero su despliegue fue considerado tardío.
La campaña electoral para elegir nuevo Jefe de Estado fue completamente alterada por la crisis. Los candidatos António José Seguro y André Ventura cancelaron numerosos actos y reorganizaron sus agendas para mostrar solidaridad. Seguro visitó localidades sin cobertura mediática, mientras Ventura organizó campañas de recolección de bienes esenciales documentadas públicamente. La votación está prevista para el ocho de febrero, con parte significativa del país aún bajo estado de calamidad.



