
En Extremadura, la campaña electoral previa a los comicios del 21 de diciembre no resultó determinante para los votantes. El 61,6% de los extremeños ya había decidido su voto antes del inicio de la campaña, mientras que solo el 27,1% tomó su decisión durante esas dos semanas de campaña. Esta realidad contrasta con la intención de influir que caracteriza a cualquier proceso electoral.
La televisión fue el medio preferido por los ciudadanos para seguir la información electoral, con un 42,7% de preferencia. Las redes sociales y la prensa digital ocuparon el segundo y tercer lugar respectivamente. A pesar de esto, casi el 60% siguió la campaña con interés pero sin encontrarla útil para decidir su voto, conocer diferencias entre partidos o informarse sobre programas electorales.
El impacto de la campaña fue prácticamente nulo en las decisiones finales. El 87,8% afirma que la campaña no modificó su intención de voto, y los sondeos electorales tampoco fueron decisivos para la mitad de los participantes en el estudio. El Centro de Investigaciones Sociológicas entrevistó a 2.031 personas entre el 15 y 19 de enero para obtener estos datos.
Existió una desconexión notable entre los temas prioritarios y los debatidos. El paro, infraestructuras y sanidad eran los principales problemas según sondeos previos, pero durante la campaña dominaron conversaciones sobre corrupción y vivienda. El desempleo quedó relegado al decimocuarto lugar en los asuntos tratados por los candidatos durante esas dos semanas electorales.
Los resultados finales del 21 de diciembre mostraron cambios significativos en la representación parlamentaria. El PP ganó 29 escaños, el PSOE descendió a 18 diputados, Vox ascendió de 6 a 11 escaños y Unidas por Extremadura llegó a 7 asientos. Las negociaciones posteriores entre PP y Vox para la investidura de María Guardiola enfrentaron dificultades, resultando en el acuerdo para que Manuel Naharro presidiera la Asamblea.



