Internacional

Los monumentos de Minneapolis contra la brutalidad policial se alzan frente a Trump

Paula Esquivel

Ryan Vizzions, fotógrafo de Atlanta, lleva más de cinco años documentando la realidad estadounidense en tiempos convulsos. Cuando agentes del ICE dispararon contra Renée Good, una poeta de 37 años que protestaba durante una redada migratoria en Minneapolis, Vizzions se encontraba a pocas horas de distancia. Sin dudarlo, abandonó su furgoneta blanca marcada con la palabra “Prensa” y condujo hacia el lugar de la tragedia.

Vizzions decidió permanecer en Minneapolis cuidando el memorial improvisado. Durante casi veinte días, su furgoneta ha permanecido estacionada frente al sitio donde cayó Good. El fotógrafo cuida el altar que los vecinos construyeron en el lugar exacto donde se detuvo su vehículo tras ser baleada. Explicó que como periodista rara vez trabaja con las comunidades, sino apenas dentro de ellas. Sobrevive en la intemperie con temperaturas bajo cero, renovando flores congeladas y retirando la nieve constantemente.

Minneapolis se ha convertido en un epicentro de traumas relacionados con violencia policial. Tres memoriales marcan la geografía del dolor en la ciudad: el de Renée Good, el de George Floyd y el de Alex Pretti. Floyd fue asfixiado por un policía blanco mientras repetía “No puedo respirar” en 2020. Pretti, enfermero de cuidados intensivos sin antecedentes penales, fue baleado en la espalda diez veces mientras estaba desarmado en la avenida Nicolett hace días.

Las hermanas Etta y Ellie Draper visitaron los tres memoriales el domingo, un día que describieron como “especialmente duro”. George Floyd Square, ubicado en la intersección de la calle 38 y la avenida Chicago, contiene retratos de víctimas, flores y registros de otros caídos por brutalidad policial. El Ayuntamiento aprobó en diciembre un plan de memorialización con cuatro rotondas y esculturas de puños en alto. Las obras estaban previstas para 2026, pero la situación política actual las ha dejado en suspenso.

Existe un hilo conductor entre las protestas de 2020 tras la muerte de Floyd y los levantamientos actuales contra políticas autoritarias. Las infraestructuras de comunicación y los vínculos forjados entonces sustentan las manifestaciones presentes. Muchos habitantes ven las muertes de Floyd y Good como expresiones del mismo sistema, aunque sus perfiles sean distintos: Floyd era un hombre negro sin suerte que trabajaba como guardia; Good era una poeta blanca madre de tres hijos.

Los memoriales de ambas víctimas reflejan dos realidades urbanas diferentes. El barrio de Floyd sufre problemas persistentes de drogas e inseguridad desde que la atención mundial se desvaneció. La calle de Good representa un suburbio residencial tranquilo donde el único crimen posible parece ser matar el tiempo. Entre ambos lugares hay un viaje entre dos mundos completamente distintos. En el memorial de Good ondea una bandera mexicana, y uno de sus poemas está pegado junto a una casa acordonada con cinta policial amarilla.

El domingo, un ciudadano blanco llamado Mike participó en una protesta por primera vez, diciendo a su familia que tal vez no regresaría. Expresó que las muertes de Good y Pretti le hacían pensar que podría haberle sucedido a él. Ana Caso, una mujer española residente en Los Ángeles de visita en Minneapolis, se acercó al memorial de Pretti portando su pasaporte estadounidense por temor. Expresó preocupación sobre la pérdida de democracia no solo en Estados Unidos.

El congresista demócrata Ro Khanna visitó el memorial de Pretti para hablar sobre legislación que limite el poder y financiamiento del ICE. Describió a la agencia como “completamente descontrolada” y expresó la necesidad de detenerla. El dolor en el lugar donde Pretti fue asesinado permanece intenso, con personas llorando y expresando rabia días después del incidente.

Aún es incierto cuál será el futuro de estos memoriales y si la actividad comercial los absorberá con el tiempo. Tras el altar de Pretti, que muestra una foto del enfermero sonriente con uniforme, alguien escribió permanentemente una lista de nombres para combatir el olvido. Incluye a Floyd, Good, Víctor Díaz, Winston Smith y Amir Locke, ciudadanos de las Twin Cities asesinados por fuerzas del orden. Ninguno de ellos posee un monumento que preserve su memoria oficial.

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