Qué motivos tiene Bessent para intervenir en el yen diez años después de provocar su colapso

Scott Bessent ha experimentado una transformación notable en la percepción del mercado durante los últimos diez años. Pasó de ser considerado un adversario a convertirse en un aliado estratégico. La debilidad actual del yen japonés y sus consecuencias desestabilizadoras en los mercados globales lo han llevado a contemplar una intervención coordinada con Japón en su rol como secretario del Tesoro estadounidense. Esta acción busca contener la caída de la moneda nipona y prevenir efectos contagiosos en la deuda norteamericana. Los resultados iniciales muestran que la divisa japonesa ha recuperado más del 3% desde el viernes pasado.
Una década atrás, Bessent ocupaba una posición completamente opuesta. Como gestor de fondos de cobertura para George Soros, ejecutó una estrategia agresiva contra el yen durante 2012 y 2013. Aprovechó el lanzamiento del plan Abenomics del primer ministro Shinzo Abe, que buscaba estimular la economía japonesa mediante una devaluación controlada. En apenas noventa días, Bessent generó ganancias por mil millones de dólares apostando contra la moneda nipona, que se depreció un 20% frente al dólar. Otros administradores de fondos replicaron esta estrategia, aunque los resultados no igualaron los históricos éxitos de Soros en mercados anteriores.
La situación actual presenta características distintas a las de años anteriores. Al debilitamiento del yen se suma una crisis sin precedentes en la deuda japonesa a largo plazo. Los rendimientos de los bonos a cuarenta años superaron el 4%, un hito nunca antes alcanzado. Esta escalada produjo un efecto cascada que afectó directamente a los mercados estadounidenses, elevando el rendimiento del bono a diez años al 4,3%, máximos desde agosto. Bessent reconoció en Davos que los problemas internos de Japón generan perturbaciones globales inmediatas, expresando su preocupación por el incremento de costos de financiamiento para la administración Trump.
Los reportes de una posible intervención coordinada entre el Tesoro estadounidense y el Banco de Japón en los mercados de divisas generaron un impacto inmediato. La moneda nipona se fortaleció más del 3% en dos sesiones de trading tras conocerse estos planes. Aunque no existe confirmación oficial de ejecución según los datos del Banco de Japón, la sola expectativa causó pérdidas significativas a los fondos especulativos que mantenían posiciones cortas. Según datos del banco MUFG, estas posiciones se han casi duplicado en los últimos meses.
Una intervención conjunta de esta magnitud tendría precedentes limitados en la historia financiera reciente. La última operación de este calibre ocurrió en 1998, durante la crisis financiera japonesa posterior al colapso de Hokkaido Takushoku Bank y Yamaichi Securities. La fortaleza renovada del yen proporciona alivio para la deuda japonesa, con los rendimientos del bono a treinta años bajando dos décimas hasta el 3,622%, distanciándose del riesgo de que los inversores nacionales reduzcan sus adquisiciones de activos extranjeros.
Los analistas de ING identifican un factor adicional que respalda la postura de Bessent. La apreciación del dólar frente al yen ha estado compensando el impacto de los aranceles estadounidenses sobre Japón, otorgando ventajas competitivas a los fabricantes nipones. Este equilibrio resulta crucial en el contexto actual de tensiones comerciales y presiones inflacionarias globales.



