Internacional

La partida hacia occidente divide Ucrania entre empresas y trabajadores que huyen del conflicto armado

Sofia Herrera

Los detalles cotidianos de la guerra revelan a Ucrania profundamente dividida en dos realidades. El 20 de enero, un bombardeo ruso dejó Kiev en apagón casi total, sin agua ni calefacción. Simultáneamente, Lviv funcionaba con normalidad. Los generadores de gasolina rugían en la capital mientras en el oeste apenas se escuchaban. El sistema de telefonía móvil operaba sin problemas en Lviv, pero en Kiev estaba desconectado el GPS para impedir que los drones rusos se guiaran.

Las carreteras de Lviv lucen iluminadas en múltiples tramos, impensable en el este. El asfalto está en buen estado, algo raro cerca del frente donde los bombardeos constantes hacen inviable repararlo. Estas disparidades ilustran dos Ucranianas distintas: una oriental deprimida y otra occidental reforzada.

Aproximadamente cuatro millones de personas se han desplazado internamente en Ucrania según Naciones Unidas. Nueve millones residen como refugiados en el extranjero. Los migrantes internos llevan su capacidad económica consigo. Desde la invasión rusa en 2022, cerca de treinta mil empresas han reubicado sus sedes. El Banco Nacional prevé crecimiento económico del 1,9% en 2025 y 2% en 2026, aunque el PIB sigue siendo un 20% inferior al anterior a la guerra.

Kiev fue el destino principal de este éxodo económico, pero pierde atractivo rapidamente por bombardeos rusos. Desde otoño, los ataques golpean constantemente su sistema energético. En enero abandonaron la capital seiscientas mil personas, representando el 20% de su población, según el alcalde Vitali Klitschko.

Dmitro Bidiuk, director de Rekava, empresa productora de tazas biodegradables, fundó su negocio en Sumi, ciudad noreste a solo dieciocho kilómetros del frente. En 2022 se trasladó a Lviv con su esposa. Actualmente factura cinco veces más. “Lviv ofrece más oportunidades comerciales, mercado ampliado e inversiones”, explica Bidiuk. Los cortes eléctricos en Lviv no superan diez horas, mientras Kiev sufre el doble periódicamente.

Bidiuk considera inseguro retornar al este incluso con acuerdo de paz. “Solo será seguro cuando Rusia no tenga recursos para continuar la guerra”, afirma. Viktoria Aleksieieva, asistente del Hub Cultural de la Unesco en Lviv desde junio de 2025, abandonó Kiev durante bombardeos intensos. Confirma que artistas e intelectuales llegan constantemente, principalmente mujeres, porque hombres temen detenciones por patrullas de reclutamiento.

El Instituto Demográfico Mijailo Ptuja prevé que apenas el 30% de refugiados retornará tras la guerra. Aleksieieva es optimista sobre reconstrucción, pero entrevistados del este tienen visiones más sombrías. Valeria Buchasta, propietaria de restaurante en Ivano Frankivsk desde 2022, procede de Berdiansk, ocupada por Rusia. “No volveré a mi ciudad, los rusos seguirán avanzando en Zaporiyia”, lamenta sin planes de futuro.

Tarás Yatsenko, director de comunicación de Lviv Tvoe Misto, evalúa que empresas orientales priorizan Kiev primero, luego el oeste. “Lviv está saturada, el siguiente paso será Europa. Esto es un triunfo de Putin, desequilibrando el país y vaciándolo de recursos”, señala. Mientras el este carece de oportunidades, el oeste enfrenta saturación sin infraestructuras adecuadas.

Los precios inmobiliarios ejemplifican estas disparidades. Un apartamento de dormitorio en región de Lviv cuesta 285 euros mensuales; en centros industriales próximos al frente como Járkov o Jersón, 100 y 60 euros respectivamente, según datos de enero del portal Dim Ria. El restaurante de Buchasta funciona en Promprylad, antigua fábrica convertida en polo económico con setenta y seis empresas.

Promprylad ha ampliado espacio desde 6.000 a 19.000 metros cuadrados desde la guerra, con ocupación plena. “Una iniciativa así es imposible en Zaporiyia, sería demasiado peligroso”, aventura Buchasta. La demanda de espacio en Ivano Frankivsk supera ampliamente la oferta, siendo la segunda ciudad después de Kiev con mayor construcción. La mitad del parque inmobiliario nuevo proviene de inversiones externas.

Según Tania Vasilik, directora de Promprylad, Kiev sufre despoblación de familias buscando seguridad para niños, pero no desaparición de empresas sino reubicaciones. Fedir Timoshchenko, director de relaciones del Grupo Electro Cable, describe esto como reequilibrio de la industria ucraniana. Su consorcio familiar trasladó en 2022 la fábrica ZFNM a Ivano Frankivsk desde Zaporiyia.

ZFNM produce solo el 20% respecto a Zaporiyia. Su mercado cambió radicalmente: antes exportaba el 20%, ahora el 80%. Sin electricidad y agua en Zaporiyia sería imposible operar. Clientes y proveedores internacionales rehúsan viajar allí. Los misiles impactaron en 2025 el parque industrial. Las regiones occidentales facilitan exportación por proximidad europea.

La escasez de personal cualificado constituye el principal reto. Cientos de miles de jóvenes abandonaron Ucrania. Empresas industriales y agrícolas lamentan pérdidas por reclutamiento masculino. ECG considera su producción estratégica, exentando empleados del servicio militar por suministrar cables a empresas energéticas.

Viktoria Glushchak, ejecutiva de MFT fabricante de productos de higiene oral, trasladó producción de Járkov a Ivano Frankivsk en 2022. Descartó Kiev rápidamente tras ver que otoño de 2022 los ataques energéticos afectarían más a la capital. Glushchak, natural de Ivano Frankivsk, confía en reconstrucción oriental futura, pero contrasta con opiniones de quienes vivieron la guerra cercanamente.

Kostia y Polina Dudchenko salieron de Jersón, ciudad fronteriza donde solo el río Dnipró separa ejércitos. Abrieron cuatro cafeterías en Ivano Frankivsk; cerraron su restaurante hace dos meses por ataques insostenibles. El negocio también decae aquí, pero Ivano Frankivsk es paraíso comparado con Jersón. “El futuro depende del acuerdo ruso”, opina Kostia. “Volver será imposible mientras rusos ocupen el otro lado”, concluye Polina.

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