La despedida de los pandas japoneses ocurre en medio de la creciente tensión diplomática con China

Esta semana Japón se despide de sus dos últimos pandas gigantes, Xiao Xiao y Lei Lei, marcando el fin de una era que comenzó en 1972 cuando China envió los primeros ejemplares como gesto de reconciliación diplomática. Aunque técnicamente su partida obedece al vencimiento del acuerdo de préstamo, el momento coincide con una de las mayores tensiones entre Pekín y Tokio en años recientes, cargando el adiós de un profundo significado político.
Más de 108.000 personas participaron en un sorteo para despedirse de los gemelos nacidos en el zoológico de Ueno de Tokio en 2021. Miles de visitantes acudieron el domingo pasado al parque zoológico para pasar algunos minutos con estos animales que partieron hacia China el martes. La multitud refleja el cariño que la población japonesa siente hacia los pandas y la importancia que estos tienen en la sociedad.
La salida de Xiao Xiao y Lei Lei deja a Japón sin ningún panda por primera vez en más de cinco décadas. Para varias generaciones de ciudadanos japoneses, estos animales representaron un símbolo apolitizado de la compleja relación con China, frecuentemente marcada por disputas territoriales, heridas históricas y rivalidades estratégicas. Su ausencia subraya el deterioro actual de los vínculos bilaterales.
Las relaciones sino-japonesas se han deteriorado significativamente tras controvertidas declaraciones de la primera ministra Sanae Takaichi sobre Taiwán en noviembre pasado. La mandataria afirmó que Japón se implicaría militarmente si China atacaba la isla autogobernada, postura que Pekín consideró una injerencia directa en asuntos internos. China respondió con medidas económicas, políticas y sociales de represalia contra Tokio.
China ha bloqueado importaciones de productos japoneses, congelado canales de diálogo oficial y cancelado eventos culturales. Además, impuso nuevos controles sobre la exportación de recursos minerales críticos, incluidas tierras raras esenciales para industrias tecnológica y de defensa. El lunes, el Ministerio de Exteriores chino recomendó a sus ciudadanos abstenerse de viajar a Japón durante las vacaciones de Año Nuevo lunar por “deterioro de la seguridad pública”, mientras las aerolíneas chinas extendieron nuevamente plazos para cancelar vuelos sin costo.
Los pandas constituyen desde décadas una herramienta de poder blando chino ampliamente reconocible. China comenzó a regalar estas especies como gesto de buena voluntad para reforzar lazos ideológicos con socios socialistas bajo liderazgo de Mao Zedong. En 1957, Ping Ping y Qi Qi se convirtieron en los primeros pandas embajadores, siendo enviados a la Unión Soviética como símbolos diplomáticos.
Desde los años ochenta, los pandas forman parte de acuerdos de préstamo regulados que suelen durar diez años. China mantiene siempre la propiedad de los animales, incluidas las crías nacidas en el extranjero. Los contratos incluyen pagos anuales cercanos al millón de dólares por pareja además de compromisos de cooperación científica entre naciones.
La diplomacia del panda ha acompañado históricamente momentos de acercamiento entre China y otros países. Su llegada ha coincidido con acuerdos comerciales, mejora de relaciones bilaterales y visitas de alto nivel, como el viaje histórico del expresidente estadounidense Richard Nixon a Pekín en 1972. China regaló entonces sus primeros pandas a Estados Unidos tras ese encuentro trascendental.
Pekín obsequió a Japón con los primeros pandas, Kang Kang y Lan Lan, también en 1972 para conmemorar la normalización de vínculos tras décadas de distanciamiento. Desde entonces, estos animales fueron un activo turístico importante y símbolo de normalidad incluso durante períodos de tensión diplomática. La marcha actual deja un vacío que refleja el grado actual de fricción entre ambas naciones.
Las autoridades japonesas sostienen que la partida responde exclusivamente a términos del acuerdo de préstamo, pero Tokio asume que las posibilidades de recibir nuevos pandas a corto plazo son escasas en el contexto actual. El carácter político del panda se manifiesta también dentro de China, donde los regresos de ejemplares generan intensas reacciones nacionalistas en la población.
El regreso en 2023 de la panda Ya Ya desde Estados Unidos se convirtió en símbolo de las maltrechas relaciones entre las dos principales potencias mundiales. Se acusó a Washington de no tratar adecuadamente al animal. En 2024, el regreso de Fu Bao desde Corea del Sur generó intensa movilización en redes sociales y seguimiento casi devocional entre ciudadanos chinos.
China concede tal importancia a los pandas que a finales del año pasado lanzó una campaña para frenar la “difusión de rumores” y “teorías falsas” sobre estos animales. Las autoridades constató que polémicas en internet interferían en el trabajo de conservación de estas especies en peligro de extinción.



