Marcelo lleva dieciséis días en huelga de hambre protestando contra la comida servida en una residencia de mayores ubicada en Colmenar Viejo

Un hombre de 68 años permanece en huelga de hambre desde hace 16 días en una residencia pública de Colmenar Viejo. Su única ingesta consiste en agua, café y tabaco. Protesta contra la calidad incomestible de la comida que se sirve diariamente en el centro dependiente de la Agencia Madrileña de Atención Social.
Marcelo llegó a esta residencia hace aproximadamente un año y medio tras pasar por otros centros públicos madrileños. Eligió este lugar específicamente porque ofrece habitaciones individuales, algo que valoraba enormemente. Jubilado por una discapacidad del 36%, resultado de varias intervenciones quirúrgicas de columna, considera que la residencia era su única opción viable para mantener una vida digna.
La decisión de dejar de comer no fue impulsiva. Se preparó físicamente antes de Navidad, mejorando su alimentación durante las semanas previas. Guardaba comida propia en una pequeña nevera en su habitación. Cuando el centro reanudó su menú habitual después de las fiestas, inició formalmente su protesta.
Marcelo describe una alimentación de muy baja calidad en productos y elaboración. Participó en una comisión de menús que asegura es puramente decorativa y sin poder vinculante. Los alimentos llegan con trazabilidad correcta pero son invariablemente económicos: carnes y pescados congelados, frutas verdes o pasadas, legumbres duras. La empresa responsable, Frutícolas Ateca S.L., fue multada por la CNMC en 2024 por formar cártel en la distribución de comidas hospitalarias.
A la materia prima deficiente se suma una elaboración negligente. Tortillas con huevina industrial, patatas secas y duras, ensaladas sin limpiar correctamente, cebollas con capas exteriores. Aunque no consta intoxicaciones graves, es habitual que residentes reporten malestar digestivo. El presupuesto diario por residente es de 6,98 euros para desayuno, comida, merienda y cena.
La residencia alberga aproximadamente 400 personas entre residentes válidos y asistidos, además de 75 refugiados ucranianos que permanecen desde hace cuatro años de forma provisional. Marcelo es el único manteniendo actualmente la huelga, aunque asegura contar con apoyo de muchos compañeros que no pueden realizarla por edad o patologías graves.
Durante estos 16 días, recibe seguimiento médico diario con pesaje semanal. Ha perdido aproximadamente tres kilos por semana y reconoce el agotamiento físico, pasando la mayor parte del tiempo en su habitación leyendo. La llegada de medios de comunicación ha intensificado significativamente la presión.
Recientemente, la directora del centro lo recibió durante 45 minutos. Existe un preacuerdo para que una comisión de nutricionistas y médicos evalúe la situación. Marcelo exige un compromiso escrito de cambios y abandonará la huelga solo con garantías documentadas de mejora.
Desde la oposición, Más Madrid y el PSOE critican el modelo de residencias regional. La portavoz de Más Madrid cuestiona cómo es posible que alguien deba hacer huelga de hambre en la región más rica de España para recibir trato digno. Denuncia que problemas de comida inadecuada se repiten mensualmente sin cambios estructurales.
La oposición vincula este caso al modelo vigente desde la pandemia, responsabilizado de 7.291 muertes de mayores por covid. Exigen que empresas que sirven comida deficiente sean excluidas de contratos públicos. También recuerdan un precedente similar cuatro años atrás en el mismo centro, cuando otro residente solicitaba únicamente un plato digno de lentejas.



