La gestación y el parto constituyen actos de alto riesgo en Gaza según una organización médica estadounidense que acusa a Israel de violencia reproductiva

Desde octubre de 2023, el embarazo y la maternidad en Gaza constituyen actos de alto riesgo marcados por la ausencia de controles médicos, desnutrición severa y falta de tratamientos básicos. Dos informes de Médicos por los Derechos Humanos, publicados en Estados Unidos e Israel, documentan cómo las mujeres palestinas enfrentan embarazos sin vitaminas, partos sin anestesia y lactancia en contexto de hambre extrema. Los autores argumentan que estos patrones integran una “violencia reproductiva” intencional que cumple criterios de genocidio según la Convención internacional.
La destrucción de infraestructuras sanitarias, combinada con restricciones de alimentos y suministros médicos, ha generado circunstancias devastadoras para madres y recién nacidos. Lama Bakri, coordinadora de proyectos en la organización israelí, señala ejemplos específicos: el bloqueo de leche de fórmula durante semanas y el bombardeo en diciembre de 2023 de una clínica de reproducción asistida con aproximadamente 4.000 embriones. Las mujeres enfrentan “decisiones imposibles entre supervivencia propia y bienestar de hijos”.
Las estadísticas revelan magnitudes alarmantes. ONU Mujeres estima que más de 6.000 madres murieron violentamente en los primeros seis meses de bombardeos, equivalente a una cada dos horas. El ministerio palestino de Salud registró en los primeros meses de 2025 solo 17.000 nacimientos, descenso del 41% respecto a 2022. De enero a junio de 2024 se documentaron 2.600 abortos espontáneos, 220 muertes relacionadas con embarazo, 1.460 partos prematuros y más de 2.500 bebés requiriendo cuidados intensivos neonatales.
Testimonios de madres gazatíes ilustran condiciones hospitalarias críticas. Una mujer relata haber dado a luz en pasillos abarrotados donde su bebé falleció. Otra, de 33 años, describe un parto sin sedación porque los casos graves demandaban prioridad, resultando en un bebé de bajo peso tras desnutrición materna durante el embarazo. Sofía Piñeiro, coordinadora de enfermería de Médicos Sin Fronteras que visitó Gaza tres veces, reconoce que el deterioro en acceso a cuidados prenatales fue devastador para madres enfrentando bombardeos, evacuaciones y pérdidas familiares.
La ONU admitió en diciembre de 2025 que la guerra afectó gravemente derechos y salud reproductiva femenina, multiplicando por tres las probabilidades de aborto o muerte por complicaciones del parto entre octubre de 2023 y octubre de 2024. Piñeiro observó que entre febrero y julio de 2024, el número de partos disminuyó significativamente cuando pasaron nueve meses desde el inicio de bombardeos, indicando que muchas mujeres decidieron no tener hijos en ese contexto.
Anjli Parrin, directora de la Global Human Rights Clinic de la Universidad de Chicago, advierte que “la magnitud de pérdida y trauma perdurará por generaciones” en Gaza. El derecho internacional exige que Israel facilite inmediatamente ayuda humanitaria y reconstruya el sistema sanitario. Sin ello, continuarán muertes evitables especialmente de embarazadas y recién nacidos, incluso durante la tregua actual.
Lama Bakri señala que restricciones en ayuda humanitaria y frío continúan afectando peligrosamente a mujeres y bebés, a pesar del alto el fuego. Critica selectivamente qué ingresa en Gaza: iPhones se autorizan mientras se bloquean suministros esenciales para reconstrucción. Aunque la ONU informó aumentos en cantidades de alimentos autorizados, alcanzando por primera vez desde octubre de 2023 suficiencia calórica mensual, el panorama sigue siendo precario.
Unicef reporta que al menos 100 niños han muerto desde el alto el fuego del 10 de octubre. La ONU proyecta que en 2026, 37.000 mujeres embarazadas o lactantes y 125.000 menores de cinco años sufrirán desnutrición aguda necesitando tratamiento. Piñeiro observó que durante la tregua de enero y febrero de 2025 aumentaron embarazos, pero esas gestantes ya enfrentaban hambruna severa posteriormente, resultando en partos prematuros y complicaciones neonatales.
La situación se agrava con la decisión del Gobierno israelí de suspender operaciones de 37 ONG humanitarias desde enero, incluyendo Médicos Sin Fronteras, Oxfam y ActionAid. Piñeiro enfatiza que centros de atención primaria de MSF superaban 700 consultas diarias. La suspensión representa “un golpe inmenso” dejando a trabajadores locales y pobladores sin asistencia, pese a existir personal sanitario gazatí altamente capacitado.
Bakri expresa preocupación porque el mundo ha apartado la atención de Palestina ante el alto el fuego y conversaciones de paz, pero la muerte inmediata de bombardeos ha cedido a muerte lenta del pueblo gazatí. Sin reconstrucción sanitaria inmediata y acceso completo a ayuda humanitaria, la vulnerabilidad de mujeres embarazadas y recién nacidos persistirá indefinidamente, profundizando traumas transgeneracionales.



