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La primera caza de ballenas habría ocurrido en las costas brasileñas hace cinco mil años, lejos del hemisferio norte

Mateo Ríos

André Colonese, investigador brasileño de la Universidad Autónoma de Barcelona, ha liderado un estudio que desafía el conocimiento histórico previo. Su equipo reunió evidencia arqueológica y molecular que sugiere un hallazgo revolucionario: la caza de ballenas más antigua registrada ocurrió hace cinco mil años en las costas del sur de Brasil, no en las aguas frías del hemisferio norte como se creía anteriormente.

Colonese imagina el escenario histórico con vivacidad: hombres que regresaban triunfantes tras capturar enormes ballenas durante el invierno, siendo celebrados por sus comunidades. La caza proporcionaba carne, aceite, huesos para rituales religiosos y herramientas que garantizaban la supervivencia durante largos períodos. Esta escena no ocurrió en Europa, sino en las tierras bajas precoloniales de América del Sur.

El investigador señala que el estudio ha revitalizado un debate que permanecía dormido. Previamente se asumía que la caza activa de ballenas comenzó hace tres mil quinientos o dos mil quinientos años en la Costa del Pacífico Norte, Atlántico Norte y Ártico, dominada por rusos, estadounidenses, japoneses y canadienses. El descubrimiento sudamericano reescribe esta narrativa arqueológica.

La investigación se centró en los sambaquis, montículos arqueológicos formados por acumulaciones de conchas y entierros humanos ubicados especialmente a lo largo del litoral brasileño. Se sabía que estas comunidades explotaban ballenas, pero se creía que era oportunista, aprovechando ejemplares varados o moribundos. El nuevo análisis propone que existía intención deliberada de caza, revelando la complejidad cultural de estas antiguas sociedades.

Colonese creció en Florianópolis y conoce la bahía de Babitonga, donde se documentan más de doscientos sambaquis. Su equipo trabajó con colecciones del Museo Arqueológico del Sambaqui de Joinville, incluyendo artefactos recolectados meticulosamente por Guilherme Tiburtius entre mil novecientos cuarenta y mil novecientos sesenta. El museo alberga piezas fundamentales para esta investigación.

Al examinar los sambaquis, el equipo descubrió aproximadamente diez arpones en perfecto estado de conservación. Las muestras confirmaron que databan de hace cinco mil años, junto con abundantes huesos de ballena y evidencia de herramientas especializadas para la caza. Esta convergencia de pruebas proporcionó la base necesaria para argumentar en favor de la caza intencional y sistemática.

Gregory Monks, profesor de arqueología de la Universidad de Manitoba, reconoce que las pruebas presentadas por el equipo son sólidas. Sin embargo, el debate sobre los orígenes de la caza de ballenas permanece abierto. La arqueología que intenta descifrar eventos milenarios siempre contiene grados de incertidumbre e interpretación múltiple.

Colonese reconoce las limitaciones inherentes a su campo, donde la incertidumbre acompaña cualquier conclusión. Sin embargo, sus hallazgos sugieren implicaciones más amplias: la caza de ballenas no requería aguas frías del norte, los sambaquis representaban culturas más complejas de lo imaginado, y la diversidad de cetáceos en esa región era extraordinaria. Sobre todo, demuestra que América del Sur posee pistas esenciales para entender mundos antiguos.

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