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El mandatario peruano rechaza su dimisión al negar haber cometido irregularidad alguna en el asunto del Chifagate

Esteban Ortega

El presidente de Perú, José Jerí, comparecía ante la Comisión de Fiscalización del Congreso acusado de mantener encuentros no registrados con empresarios chinos. Frente a las sospechas, denunció una conspiración política diseñada para generar inestabilidad electoral. En su intervención de diez minutos, negó cualquier irregularidad en sus reuniones con Zhihua Yang, ocurridas el 26 de diciembre en un restaurante y el 6 de enero en un comercio del empresario.

Jerí argumentó que las imágenes de ambos encuentros fueron difundidas progresivamente por una misma fuente, sugiriendo una emboscada coordinada. Catalogó los hechos como actividades ordinarias: cenar y comprar. Sin embargo, fue fotografiado encapuchado en un restaurante pasada la medianoche y visitando un mercado clausurado, detalles que contradecían su versión de encuentros casuales.

Las explicaciones del presidente presentaban inconsistencias. Inicialmente vinculó los encuentros a preparativos del Día de la Amistad Perú-China, posteriormente los describió como privados, y ante la Comisión insistió en que fueron circunstanciales. Contradijo sus propios relatos en repetidas ocasiones, alterando su narrativa según la audiencia. Enfatizó que de haber planeado un acto irregular, no habría asistido con su ministro y escolta.

La investigación trascendió lo meramente formal al vincular a Yang con Ji Wu Xiaodong, ciudadano chino investigado por nexos con operaciones de tala ilegal. Ji Wu Xiaodong ingresó tres veces a Palacio pese a orden de arresto domiciliario. Reportajes revelaron estos accesos en diciembre y enero. Jerí negó recibirlo en la sede presidencial, argumentando que actuó de buena fe sin responsabilidad sobre restricciones ajenas.

En vísperas de su comparecencia, Jerí afirmó que Ji Wu Xiaodong era personal de servicio en el restaurante de Yang, incapaz de comunicarse en español. No obstante, está acreditado desde 2002 como traductor oficial chino-español ante la Cancillería, desmintiendo la coartada presidencial sobre barreras idiomáticas.

La credibilidad de Zhihua Yang se erosionó rápidamente. Cambió de abogado en días sucesivos. Su primer defensor, Elio Riera, admitió amistad entre su cliente y el presidente, sugiriendo más videos próximos y afirmando que Jerí insistió en los encuentros. Posteriormente, Yang emitió comunicado negando coordinar reunión alguna y asegurando que todas ocurrieron sin coordinación previa ni temas comerciales.

El costo político se materializó en mociones de censura. Tres fueron presentadas ese miércoles contra Jerí en su condición de presidente del Congreso y jefe de Estado. Legisladores de diversas bancadas coincidían en reuniones extraoficiales, ausencia de registros, versiones contradictorias y pérdida de confianza pública. Ruth Luque catalogó al mandatario como presidente sistemáticamente mendaz.

Para prosperar, la censura requería sesenta y seis votos, cifra incierta entonces. Bancadas grandes lo habían criticado públicamente sin adhesión a mociones. Somos Perú, partido de Jerí, guardaba silencio institucional mientras su candidato presidencial demandaba renuncia en video. La incongruencia exponía contradicciones internas: exigir responsabilidad ante cámaras mientras facilitaban su llegada al poder.

Jerí cerró su presentación insistiendo en la conspiración. Repitió que quien no debe no teme, exigiendo identificación de quiénes coordinaban el complot. Las preguntas fundamentales permanecían sin respuesta: contenido de las conversaciones y motivos de los cambios de versión. Finalmente declaró: no renunciará porque implicaría admitir irregularidad. Próximas encuestas medirían el impacto del escándalo y la disposición parlamentaria de retirarle apoyo.

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