
Ricardo Hausmann, destacado economista venezolano que dirige el Centro para el Desarrollo de Harvard desde Boston, ha expresado profunda preocupación sobre los planes de Trump para Venezuela. Aunque inicialmente celebró la caída de Nicolás Maduro, su optimismo se transformó rápidamente en cautela tras evaluar los primeros movimientos políticos ocurridos desde enero. Hausmann advierte que confiar ciegamente en la voluntad estadounidense sería un error estratégico grave.
El exministro caracteriza la estrategia de Washington como impredecible y carente de marcos éticos. Trump ha declarado que sus acciones en el extranjero solo están limitadas por su moral personal, no por leyes internacionales. Esta narrativa depredadora contrasta con épocas anteriores cuando Estados Unidos liberó Europa bajo principios claros. Hausmann enfatiza que todos deben administrar activamente este riesgo, sin depender únicamente de la buena voluntad del presidente estadounidense.
Respecto a María Corina Machado, Hausmann destaca su manejo inteligente del narcisismo de Trump. La líder opositora ha priorizado la democracia sobre la adulación presidencial. Trump opera mediante transacciones, no ideologías. Si mantiene a Machado como aliada, ella obtendrá un rol importante en la transición; de lo contrario, deberá distanciarse para defender sus intereses políticos. El futuro dependerá de si Estados Unidos le otorga legitimidad institucional en este proceso.
Un obstáculo crítico es el regreso de Machado a Venezuela. Si ella no puede regresar, la recuperación económica será prácticamente imposible. Trump debe demostrar que puede cambiar las dinámicas internas: liberar presos políticos, permitir el regreso de exiliados y remover figuras clave como Diosdado Cabello y Vladimir Padrino López. Delcy Rodríguez mantiene control limitado mientras Trump administra el flujo de dinero petrolero. Esta estructura de gobernanza es frágil e insostenible.
Hausmann señala que Washington actúa fuera del marco constitucional, replicando la estrategia de Maduro. La Constitución establece plazos claros para elecciones en caso de falta presidencial, pero Trump ignora estas disposiciones. Las empresas petroleras serias exigen estado de derecho para invertir, algo que solo una democracia puede garantizar. La actual ley de hidrocarburos hace a Venezuela uninvertible.
Hausmann recurre a la experiencia panameña de 1989. Cuando depusieron a Noriega, Estados Unidos colocó a Guillermo Endara en el poder tras su victoria electoral. Venezuela pudo haber seguido este camino con Edmundo González Urrutia, pero Trump decidió otra estrategia cuyas consecuencias aún desconocemos. Si no facilita la transición democrática, los venezolanos deberán oponerse activamente a estos planes.
La recuperación económica requiere más de una década debido a la depreciación del capital institucional y la emigración masiva. Venezuela produjo tres millones de barriles cuando Hausmann nació en 1956 con siete millones de habitantes. Hoy, con treinta y cinco millones contando la diáspora, produce menos de uno. La reconstrucción no puede depender únicamente del petróleo.
El país posee doce millones de hectáreas agrícolas explotando apenas trescientas mil. Dispone del mejor río hidroeléctrico mundial sin aprovecharlo. Su potencial turístico es fenomenal pero desaprovechado. La diáspora ofrece oportunidades en tecnología, inteligencia artificial y negocios digitales. Un futuro próspero requiere diversificación económica radical, no solo restauración petrolera.
Hausmann rechaza optimismo prematuro. Los derechos y libertades deben convertirse en temas políticos prioritarios en Estados Unidos. Venezuela tiene cinco mil millones de dólares en el Fondo Monetario Internacional que Europa podría bloquear al gobierno de Rodríguez. Se necesita una coalición internacional prodemocrácia. El Partido Demócrata puede fortalecer controles democráticos si gana en noviembre. La lucha por la democracia venezolana continúa.



