Los técnicos reclaman investigar dos accidentes en lugar de uno tras el primer siniestro de Alta Velocidad

Especialistas ferroviarios señalan que la investigación sobre el doble descarrilamiento en Adamuz requerirá tiempo para obtener conclusiones definitivas. Un fallo en la soldadura del carril derecho emerge como la hipótesis principal, aunque los técnicos advierten sobre la naturaleza única de este siniestro respecto a eventos anteriores.
A diferencia del accidente de Santiago, donde intervino un único tren, en Adamuz ocurrieron dos eventos simultáneos. Un tren Iryo descarriló primero, seguido segundos después por un Alvia de Renfe que circulaba por la vía adyacente a más de 200 kilómetros por hora, colisionando contra los vagones desprendidos.
El maquinista del segundo tren no dispuso de tiempo para reaccionar debido a la velocidad de circulación. Los trenes a esa velocidad necesitan entre tres y cuatro kilómetros para detenerse completamente. De haber existido mayor separación temporal, los sistemas automáticos de frenado hubiesen podido activarse al detectar el obstáculo en la vía.
La vía donde ocurrió el descarrilamiento atraviesa una zona montañosa aislada con numerosos túneles y viaductos, ubicada a varios kilómetros del poblado más cercano. El terreno complicado y la falta de vías de servicio dificultaron las labores de rescate durante las horas nocturnas del evento.
Ingenieros de obras públicas confirman que ambos accidentes ocurrieron en líneas de alta velocidad, autorizadas para circular a más de 250 kilómetros por hora. La línea de Córdoba data de 1992, coincidiendo con la Expo de Sevilla, evento que impulsó el desarrollo de la red española de ferrocarril de alta velocidad.
En el caso de Santiago, las autoridades negaron durante años la clasificación como accidente de alta velocidad, aunque la sentencia judicial lo reconoce explícitamente. El fallo judicial señala responsabilidades compartidas y destaca como incomprensible la protección incompleta en una línea de alta velocidad.



