Internacional

Los iraníes denuncian el abandono internacional tras la represión brutal de las protestas en las calles

Mateo Ríos

El sentimiento predominante entre los iraníes es una combinación de miedo profundo y abandono internacional tras las recientes manifestaciones masivas sofocadas violentamente por las autoridades. Los ciudadanos temen represalias por participar en las protestas y sienten que la comunidad internacional, especialmente el presidente estadounidense, los ha dejado desamparados tras prometerles apoyo que nunca llegó.

En las ciudades fronterizas como Van, Turquía, se observa una presencia destacada de representantes del consulado iraní. Estos funcionarios monitorean a los ciudadanos que abandonan el país, quienes buscan refugio, acceso a internet o vuelos internacionales suspendidos desde territorio iraní. La vigilancia es evidente y genera desconfianza constante entre quienes se atreven a hablar sobre la situación.

La represión ha sido brutalmente efectiva. Se cortó el internet nacional permitiendo que fuerzas armadas actuaran sin restricciones durante los días 8 y 9 de enero. Los testimonios describen cómo la policía utilizó armas de fuego, escopetas recortadas y cuchillos contra manifestantes desarmados. Desde entonces, las protestas casi han desaparecido debido al control militar intenso en avenidas principales y la imposibilidad de comunicación digital.

Las cifras de víctimas varían significativamente. Organizaciones como Iran Human Rights documentan al menos 3.428 muertes, aunque otras fuentes elevan el número por encima de 10.000. Esta represión ha sido cuantitativamente mayor que revoltas anteriores en 2009 y 2019. Ahora prácticamente todos los iraníes conocen a alguna víctima directamente, generando un trauma colectivo sin precedentes.

Existe un dilema político fundamental: el 70% se opone al régimen, pero el 30% que lo apoya controla las armas. Algunos iraníes demandan intervención externa para derrocar al Líder Supremo Alí Jameneí y la Guardia Revolucionaria. Sin embargo, Trump ha descartado temporalmente esta opción, decepcionando a quienes esperaban respaldo militar estadounidense.

La frustración con Trump es generalizada. Los entrevistados lo acusan de priorizar negociaciones con el Gobierno iraní sobre los derechos de los ciudadanos. Zeynab expresó la sensación compartida: “Nos han dejado solos, no le importamos a nadie”. Aunque advierten que bombardeos internacionales reforzarían al régimen y que los iraníes rechazan invasiones extranjeras pese a su oposición al gobierno.

Las revueltas iraníes carecen de liderazgo coherente y programa político claro. Esta desorganización debilita los movimientos de protesta. Algunos ciudadanos rechazan consignas violentas y ven atractivo el retorno de Reza Pahlevi II, exiliado en Estados Unidos, como alternativa política. Los canales de televisión desde el exterior promocionan una imagen idealizada de la era monárquica previa a 1979.

Reza Pahlevi II se ha posicionado como líder de una transición democrática. Los jóvenes, especialmente quienes no vivieron la revolución islámica, encuentran atractivo su proyecto. Sin embargo, otros ciudadanos desconfían de regresar al pasado monárquico. La mayoría de entrevistados planea regresar a Irán, llevando consigo tanto miedo como esperanzas contenidas de futuras revueltas contra el régimen.

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