La postura rebelde de Powell genera desconcierto en Trump y sus estrategias económicas previstas

Durante meses Jerome Powell toleró los ataques desmedidos de Donald Trump sin ceder. Ahora, el presidente de la Reserva Federal ha decidido defenderse. Powell se rebela para proteger la independencia institucional de su cargo. El pasado domingo divulgó un video inusual denunciando una investigación penal abierta en su contra. La atribuye a su negativa de someterse a las órdenes presidenciales. Su enfrentamiento trasciende lo económico hacia lo político. Se trata de un debate fundamental sobre los límites del poder presidencial frente a instituciones autónomas.
La paciencia de Powell se agotó en diciembre cuando el Departamento de Justicia requirió información sobre los sobrecostes en la remodelación del edificio Marriner S. Eccles. La sede de la Reserva Federal, construida en 1930, requería actualizaciones urgentes. El proyecto inicial presupuestado en 1.800 millones de dólares alcanzó finalmente 2.500 millones debido a complicaciones durante la pandemia y cortes en cadenas de suministro. Powell consideró que se cruzaba una línea roja cuando recibió los requerimientos de la fiscalía.
Powell nació hace 72 años en Washington y fue republicano declarado durante dos décadas. Obama lo designó a la junta de la Fed en 2011. Su trayectoria incluye estudios en Princeton y Georgetown, práctica legal privada y puesto de secretario de Finanzas Públicas bajo George Bush. Aunque se presenta como conservador, defiende la institucionalidad ahora amenazada. Es centrista y ortodoxo en sus posiciones económicas.
Trump lo nombró gobernador en 2018 durante su primer mandato, decisión que pronto lamentó. Powell no siguió sus instrucciones al pie de la letra. Cuando la economía mostró signos de recalentamiento en 2019, subió los tipos de interés. Aunque tardó reaccionando ante la inflación, logró controlar los precios sin causar daños mayores. Powell ha mantenido independencia en sus decisiones monetarias.
El presidente republicano lo ha insultado sistemáticamente durante meses. Lo ha llamado idiota, imbécil, corrupto, mula testaruda y retrasado. Ha amenazado con despedirlo públicamente. Powell nunca respondió con reacciones visibles. Ni siquiera cuando Trump visitó las obras de remodelación para recriminarlo sobre los costes. Powell corrigió elegantemente cuando Trump exageró las cifras. Mantuvo compostura ante la campaña de acoso sistemático.
Trump presiona desde su segundo mandato para que Powell renuncie. Abogados de la Casa Blanca advierten sobre complicaciones legales para destituirlo. Entonces enfocó sus esfuerzos en Lisa Cook, gobernadora que resiste sus exigencias, acusándola sin pruebas de irregularidades hipotecarias. Los tribunales rechazaron la destitución. El caso llegará al Tribunal Supremo esta semana para definir la autoridad presidencial en organismos autónomos.
Jeanine Pirro, fiscal del distrito de Washington, encabeza la investigación contra Powell. Es jurista, exestrella de televisión en Fox y declarada trumpista. Días antes de presentar la demanda penal, Trump comentó ante fiscales que debían ser más duros contra sus enemigos. Powell desafió públicamente acusando persecución política coordinada. Pronunció: “La amenaza de cargos se debe a nuestra negativa a seguir las preferencias presidenciales”.
Antes de publicar su video, Powell calibró cuidadosamente sus apoyos. Cultivó relaciones durante años en el Congreso, entre inversores y banqueros. Su contraataque descolocó a Trump. El senador republicano Thom Tillis criticó la intromisión de la Casa Blanca. También senadores Lisa Murkowski y John Kennedy expresaron oposición al acoso. La resistencia dentro del propio Partido Republicano sorprendió.
John Thune, líder republicano en el Senado, aseguró que la independencia de la Fed debe garantizarse sin interferencia política. Los tres expresidentes de la Reserva Federal vivos firmaron una declaración apoyando a Powell. Greenspan, Bernanke y Yellen se unieron a destacados economistas y funcionarios bipartidistas. Los banqueros centrales mundiales respaldaron su independencia. Christine Lagarde del Banco Central Europeo encabezó ese respaldo internacional.
Jamie Dimon, banquero más influyente de Wall Street, advirtió que erosionar la independencia de la Fed no es buena idea. Otros directivos bancarios defendieron similares posiciones. Los mercados financieros establecen límites al poder presidencial. Dan Ivascyn, responsable de inversiones de Pimco, enfatizó que la independencia para fijar política monetaria sigue siendo vital para los mercados.
Trump pareció descolocado por la reacción generalizada. El secretario del Tesoro Scott Bessent le advirtió sobre consecuencias de mercado. Dos días después, Trump volvió a insultar a Powell. Luego intentó echarse atrás diciendo que desconocía la demanda. Aseguró que mantiene una espera con Powell sin decisiones definidas. Su estrategia de presión encontró resistencia coordinada de instituciones y mercados.
Trump desea controlar la Comisión Federal del Mercado Abierto que fija tipos de interés. Está compuesta por siete miembros de la junta y cinco de doce gobernadores regionales. Actualmente Trump controla directamente solo a uno, aunque nombró otros dos. Stephen Miran, funcionario de la Casa Blanca, ya expresó desacuerdo con políticas de Powell. Trump busca transformar la Fed en instrumento de su voluntad.
El mandato de Powell como presidente termina en mayo, pero permanece en la junta de gobernadores hasta 2028. La tradición indica renunciar cuando se abandona la presidencia. Sin embargo, el acoso judicial está cambiando sus cálculos. Powell podría liderar un bloque de oposición futuro. Si sale, deja espacio para que la Casa Blanca gane influencia en la cúpula del organismo. Su decisión determinará dinámicas de poder futuras en la Reserva Federal.
Trump debe nombrar próximamente al sustituto de Powell en las próximas semanas. Kevin Hasset, jefe de asesores económicos, era el favorito pero se considera demasiado leal y falto de independencia para superar la nominación del Senado. La investigación judicial complicó significativamente sus opciones nominales. Trump incluso parecía descartarlo durante actos públicos recientes.
Kevin Warsh, economista de 55 años, surge como alternativa. Trabajó en la junta de gobernadores entre 2006 y 2011. Trump dijo que ambos Kevins son muy buenos pero anunciará su decisión en próximas semanas. La apertura de opciones refleja las limitaciones que enfrenta para dominar la Fed. Los mercados y el Senado imponen restricciones reales a su voluntad.
Trump insiste en que un presidente debe influir en la dirección de la Reserva Federal. Asegura entender mejor que Powell estos asuntos por su experiencia empresarial. Sin embargo, los mercados financieros mundiales mantienen criterios propios sobre quien dirige la política monetaria. Las fuerzas institucionales frenan el autoritarismo presidencial. El resultado final dependerá del equilibrio entre poderes todavía incierto.



