
La Guardia Civil abre investigación por desórdenes públicos tras una falsa amenaza de bomba en un vuelo que despegó desde Estambul rumbo a Barcelona. Turkish Airlines perseguirá judicialmente al responsable de la alarma que obligó al aterrizaje de emergencia. Los agentes judiciales continúan elaborando el atestado policial que será remitido al juzgado competente una vez concluya el proceso.
Un pasajero cambió el nombre de su conexión wifi por “Bomb at 9.30″. Una mujer detectó esta red con su teléfono celular e inmediatamente alertó a la tripulación del incidente. Este aviso desencadenó la activación del protocolo de máxima alerta durante el trayecto aéreo.
El vuelo TK 1853 partió de Estambul a las nueve de la mañana con destino previsto a Barcelona a las once. Cuando la aeronave sobrevolaba territorio francés, el piloto activó el procedimiento de emergencia “mayday”. Dos cazas franceses escoltaron la nave hasta territorio español, donde el aeropuerto de El Prat preparó una zona de aterrizaje especial y activó su comisión de crisis.
Los ciento cincuenta pasajeros fueron desalojados de forma ordenada una vez el avión tocó tierra. Las autoridades revisaron minuciosamente la aeronave y el equipaje de viajeros, descartando finalmente la presencia de cualquier artefacto explosivo. Los viajeros permanecieron custodiados en las terminales del aeropuerto hasta pasadas las catorce horas.
La identificación del autor presenta dificultades importantes, según fuentes policiales que aseguran empleará todas las medidas disponibles. El delito trasciende fronteras: originado en Francia, se consumó en España. Las amenazas falsas de bomba están penadas con prisión de tres meses a un año o multa según la legislación penal. Turkish Airlines determinó exigir responsabilidades judiciales al pasajero tras confirmar las autoridades la ausencia de peligro real.



