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La ley estadounidense sobre activos digitales se estanca por el enfrentamiento entre la industria cripto y la banca

Redacción

La industria de criptoactivos y la gran banca estadounidense se encuentran en una confrontación abierta que ha frenado la aprobación de normativa sobre activos digitales. El Comité Bancario del Senado debía votar el Clarity Act, legislación fundamental para definir el mercado cripto, pero enfrentamientos internos han paralizando el proceso. Divisiones republicanas y dudas demócratas han obstaculizado avances, mientras que la retirada de apoyo de Brian Armstrong, CEO de Coinbase, ha dado un golpe definitivo a este proyecto bipartidista.

La prohibición de pagos de intereses sobre stablecoins representa el punto de mayor fricción entre ambos sectores. Los bancos tradicionales temen que estas monedas estables desplacen depósitos bancarios, reduciendo su capacidad crediticia. Un informe del Tesoro estimaba salidas de 6.6 billones de dólares hacia monedas estables. Los legisladores cedieron a presiones bancarias extendiendo a intermediarios la capacidad de ofrecer rendimientos, pero esto es inaceptable para la industria cripto.

Para empresas como Coinbase, los rendimientos son esenciales para su modelo de negocio. Coinbase mantiene participación en Circle, emisora de USDC, y comparte ingresos generados por reservas que respaldan este activo. Sin capacidad de ofrecer intereses, el atractivo para usuarios disminuye significativamente. Otros exchanges como OKX también se oponen firmemente a cualquier restricción que revierta los logros regulatorios previos.

Las firmas criptográficas están transformando sus operaciones, aspirando a funciones bancarias tradicionales. Buscan convertirse en bancos fiduciarios, permitiéndoles custodiar reservas y activos de clientes sin captar depósitos directamente. World Liberty Financial, Coinbase, Circle y Ripple han solicitado o ya recibieron autorizaciones. Esta transición refleja un cambio fundamental: estas empresas ahora persiguen integrarse en sistemas financieros convencionales en lugar de permanecer al margen.

Los bancos estadounidenses ven con alarma esta estrategia, temiendo que acceso a funciones bancarias permita a criptoempresas capturar roles exclusivamente bancarios. La patronal de pequeños bancos denuncia falta de compliance regulatorio equivalente y riesgos sistémicos. Esta tensión refleja una batalla fundamental por quién controla servicios financieros digitales en la economía moderna.

En Europa, el panorama es radicalmente diferente. Obtener licencias bancarias es más complejo y costoso, incentivando a empresas cripto a buscar autorizaciones como proveedores de servicios de pago. El compliance europeo es significativamente más exigente y caro que en Estados Unidos. Expertos señalan que las licencias MiCA permiten operar en 27 países, ventaja mayor que la mayoría de bancos tradicionales que operan en múltiples estados europeos.

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