El Mundial de fútbol podría verse afectado por la política de Trump

La FIFA proyecta obtener ganancias significativas del próximo Mundial de fútbol en Estados Unidos, Canadá y México durante el verano de 2026. El torneo expandido de 32 a 48 equipos generará ingresos de 8.900 millones de dólares, lo que representa un incremento del 50% respecto a Qatar 2022. Los derechos de hospitalidad y la venta de entradas constituirán aproximadamente un tercio de estos ingresos, alcanzando los 3.000 millones de dólares.
Existen condiciones favorables para alcanzar estos objetivos financieros. Once estadios estadounidenses dispondrán de más de 60.000 asientos, mientras que Qatar contaba solo con dos sedes de esa capacidad. Los recintos norteamericanos están equipados para ofrecer paquetes corporativos lucrativos y cuentan con una audiencia local abundante y con poder adquisitivo considerable, lo que facilita la comercialización de experiencias premium.
Sin embargo, diversos riesgos podrían comprometer el éxito del evento. Las políticas fronterizas más restrictivas podrían desalentar a aficionados internacionales de comprar entradas o asistir presencialmente. Existe incertidumbre sobre cómo los organizadores resolverán situaciones donde poseedores de boletos no puedan ingresar al territorio estadounidense. La FIFA está coordinando con autoridades migratorias para facilitar trámites de visas.
Incluso con ventas de entradas completas, subsisten inquietudes sobre la experiencia de los espectadores. El transporte público en ciudades anfitrionas presenta cobertura deficiente e irregular. Adicionalmente, se han expresado amenazas de trasladar encuentros desde ciudades consideradas inseguras, generando potencial para cambios de calendario por razones políticas. Esta volatilidad introduce complejidad adicional en la planificación del torneo.
La relación cercana entre el presidente de la FIFA y la administración estadounidense presenta una paradoja. Mientras el dirigente podría aprovechar estos vínculos para minimizar disrupciones, la organización asume responsabilidad final por cualquier complicación que surja. La FIFA debe equilibrar aspiraciones financieras con realidades políticas impredecibles en el país anfitrión principal.



