Dos presos italianos liberados en Venezuela relatan su experiencia carcelaria comparándola con Alcatraz y describiendo catorce meses durmiendo en el suelo

Alberto Trentini y Mario Burlò llegaron a Roma el martes tras ser liberados en Venezuela después de 14 meses de cautiverio. Se reencontraron con sus familias en el aeropuerto de Ciampino entre lágrimas de alegría. A diferencia de otros presos españoles liberados, estos italianos decidieron relatar públicamente sus experiencias en prisión sin restricciones.
Burlò describió las condiciones carcelarias con dureza: “Era peor que Alcatraz”, comentó al referirse a dormir en el suelo durante meses rodeados de cucarachas. Trentini, de 46 años y trabajador de una ONG venezolana, y Burlò, empresario turinés de 52 años, fueron detenidos sin explicaciones en noviembre de 2024 con cuatro días de diferencia. Nunca recibieron cargos formales ni acceso a abogado.
Los analistas italianos interpretaron las detenciones como una estrategia del gobierno de Maduro para presionar a Italia y usarlos como moneda de cambio diplomático. Ambos fueron llevados a la prisión de El Rodeo I en Guatire, donde el régimen recluye a presos políticos. El cónsul italiano solo logró visitarlos después de seis meses de encierro.
Burlò sufrió aislamiento prolongado de su familia: no pudo hablar con sus hijos durante casi un año. Relató miedo constante a ser asesinado y preocupación por sus condiciones médicas, pues padece diabetes e hipertensión que requieren medicación continua. El caso de este empresario fue complejo porque tenía investigaciones abiertas en Italia y meses después de su detención los tribunales italianos aún no creían en su encarcelamiento en Venezuela.
En las celdas, ambos prisioneros estaban hacinados en casi total oscuridad, con espacio para apenas seis pasos. Los despertaban a las 5:30 de la mañana para pasar lista nominalmente. Solo tenían una hora de patio diaria, cinco días a la semana. Comían arepas de maíz pasadas por las aberturas de las puertas, sin ver guardias. No se permitían libros, exceptuando una biblia en español que compartían.
Según relatos de otros compañeros de prisión a medios italianos, los trasladaban encapuchados entre celdas para aumentar desorientación psicológica. No recibían torturas físicas pero sí psicológicas intensas. Burlò comparó su situación con la de animales, afirmando que ni los perros recibían trato tan inhumano. Solo la televisión chavista los conectaba parcialmente con el exterior, transmitida solo cuatro días a la semana.
Ambos desconocían la caída del régimen de Maduro hasta llegar a la embajada italiana el día de su liberación. Burlò perdió 30 kilogramos durante su encarcelamiento, pero expresó que lo importante era regresar con sus hijos. Mencionó que aproximadamente 94 extranjeros de 34 nacionalidades distintas permanecen en prisiones venezolanas en condiciones similares.
Trentini, quien mostró mayor afectación emocional, difundió un comunicado expresando: “Nuestra felicidad tuvo un precio altísimo”. Valoró profundamente el apoyo de Burlò durante el cautiverio, quien gracias a su carácter extrovertido le ayudó a mantener moral elevada después de conocerse en el patio de la prisión.
La liberación ocurrió repentinamente el domingo por la noche. Les proporcionaron ropa limpia y los raparon completamente, práctica habitual en este penal para demostrar ausencia de golpes visibles. En las semanas previas les mejoraban la alimentación para que recuperaran peso. En la embajada solicitaron cigarrillos como primera necesidad, con excepción especial del embajador. Actualmente quedan 42 italianos presos en Venezuela, incluidos 24 por motivos políticos, según el ministerio de Asuntos Exteriores italiano.



