Dinamarca se refuerza militarmente en una isla del Báltico mientras considera estratégicamente su posición respecto a Groenlandia

Bornholm, una isla turística del mar Báltico comparable en tamaño a Ibiza, se prepara para posibles ataques. En recientes meses ha llegado un contingente militar significativo, se construyen nuevos hangares en instalaciones militares y se han introducido once vehículos blindados finlandeses tipo Patria para disuadir invasiones. Dinamarca, como nación pequeña, no desea que una potencia nuclear reduzca su territorio.
El general Peter Boysen, máxima autoridad del Ejército de Tierra danés, expresa que la preparación militar avanza constantemente. Reconoce la necesidad de acelerar el fortalecimiento defensivo. Bornholm ocupa la posición más oriental del Reino danés, ubicada a tan solo trescientos kilómetros de territorio ruso, origen de la amenaza percibida por los militares.
Sin embargo, Dinamarca enfrenta una amenaza dual sin precedentes en ochenta años. Mientras Rusia representa el peligro clásico de la Guerra Fría, el presidente estadounidense Donald Trump manifiesta intenciones de anexionar Groenlandia, la isla más grande del mundo y también danesa, mediante la fuerza si fuese necesario. Jonas Parello-Plesner, analista político danés, describe la situación actual como un mundo en colapso donde el Reino se ve atacado simultáneamente desde ambos flancos geopolíticos.
La historia de Bornholm refleja vulnerabilidades recurrentes. Tras la Segunda Guerra Mundial, la Unión Soviética ocupó la isla durante diez meses, denominándola “la Dinamarca rusa”, antes de cederla nuevamente a Copenhague. Los soviéticos nunca permanecieron, pero dejaron un cementerio y la memoria de ocupación. Tras la Guerra Fría, Dinamarca redujo su presencia militar significativamente hasta la invasión ucraniana en 2022.
La tensión báltica se reavivó con signos perturbadores: la explosión del gasoducto Nordstream en 2022 ocurrió cerca de Bornholm, el enclave ruso de Kaliningrado permanece amenazante, y flotas anónimas navegan furtivamente las aguas regionales. Estos indicadores impulsaron la remilitarización actual de la isla como medida preventiva contra el potencial ruso.
El cuartel Almegaards Kaserne, recientemente expandido, alberga ahora al Regimiento de Bornholm. El coronel Lars Nygaard explica que la isla constituye la posición del Reino más próxima a enemigos potenciales. El general Boysen utiliza una metáfora naval: Bornholm funciona como un portaviones inmóvil situado estratégicamente en el mar Báltico, región sensible donde es vital demostrar preparación defensiva.
Dinamarca abandonó su neutralidad tras la Segunda Guerra Mundial, a diferencia de Suecia. El monumento a caídos en Copenhague documenta soldados muertos en operaciones desde Gaza hasta Afganistán e Irak, cincuenta y dos vidas sacrificadas por lealtad estadounidense. Ahora la Casa Blanca presiona a Dinamarca mientras las prioridades militares giran hacia la protección soberana territorial.
Parello-Plesner reflexiona que Dinamarca históricamente dedicó escasa atención a defensa territorial. La invasión de Ucrania cambió fundamentalmente esta postura. Ya no ocupan la primera línea defensiva contra Rusia, pero sí la segunda, precisamente en Bornholm. Simultáneamente, el socio occidental tradicional ahora genera inseguridad en el extremo occidental del Reino.
El contraste es irónico y perturbador para los daneses. Durante conversaciones informales entre militares en Bornholm, algunos sugieren que si Dinamarca requiriese enviar un mensaje a Estados Unidos, podría desplegar a sus soldados de Bornholm hacia Groenlandia, reconociendo así la absurda complejidad de su situación geopolítica contemporánea.



