
Durante el cierre de la conferencia de embajadores celebrada en Madrid, el Rey expresó su preocupación sobre el riesgo de desmantelamiento de la relación trasatlántica entre Europa y Estados Unidos. Señaló que mantener este vínculo demanda actualmente grandes dosis de paciencia y coraje diplomático, reconociendo implícitamente la conducta impredecible del presidente estadounidense Donald Trump. Felipe VI enfatizó que se trata de un marco fundamental surgido tras la Segunda Guerra Mundial, que ha permitido el fortalecimiento de las democracias y la estabilidad internacional.
El monarca subraya que preservar la conexión trasatlántica constituye una responsabilidad compartida que exige lealtad mutua, confianza recíproca y respeto a las normas del derecho internacional. Aunque evitó mencionar directamente a Washington, sus palabras representan una crítica velada a las recientes decisiones de la administración Trump. Advirtió que de la erosión de ese vínculo todos pierden, e insistió en las graves consecuencias que supondría su desaparición total para todos los actores involucrados.
El Rey celebró la liberación de cinco ciudadanos españoles detenidos en Venezuela, calificándola como un paso necesario hacia la recuperación de libertades. Expresó la esperanza de que España pueda contribuir a que se abra pronto una transición democrática pacífica e inclusiva. Enfatizó que los venezolanos deben ser los únicos protagonistas de su propio destino, rechazando implícitamente cualquier pretensión externa de decidir el futuro del país caribeño.
Esta fue la primera ocasión en que el Rey se pronunció sobre Venezuela tras la operación estadounidense del 3 de enero que culminó con la captura de Nicolás Maduro. Aunque el Gobierno ya había condenado la intervención militar como ilegal, Felipe VI expresó su apoyo firme al respeto del Derecho Internacional. Sostuvo que no puede aceptarse ni mediante la palabra ni mediante el silencio la violación sistemática de estas normas que caracteriza el panorama internacional actual.
El monarca advirtió que el abandono de las normas que han regido las relaciones internacionales representa un retroceso de más de un siglo hacia un vacío regulatorio peligroso. Señaló que las democracias tienen una responsabilidad especial en preservar un mundo basado en normas y razón, frente a otro sustentado en el ejercicio ilimitado de la fuerza. Recordó que aunque perfectible, un orden internacional fundado en el derecho siempre favorecerá más la paz, estabilidad y desarrollo que cualquier alternativa.
Ante la amenaza global a la seguridad internacional, Felipe VI reivindicó a España como socio leal y fiable en el escenario internacional. Instó a evitar que el futuro se escriba al margen de Europa, rechazando visiones que contrapongan la soberanía nacional con el proyecto europeo. Enfatizó que fortalecer la capacidad de acción mundial requiere incrementar el peso de Europa mediante la unidad de sus Estados miembros en la Unión Europea.



