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Un joven con esquizofrenia y aspiraciones de domador ingresó en la jaula de una leona brasileña

Esteban Ortega

Un joven de diecinueve años identificado como Gerson de Melo Machado, quien padecía esquizofrenia diagnosticada, falleció trágicamente al ingresar sin autorización al recinto de un felino en un zoológico brasileño. El incidente ocurrió en la mañana cuando el individuo escaló las barreras de seguridad y descendió hacia donde se encontraba el animal, el cual reaccionó atacándolo fatalmente. Según testimonios de visitantes que capturaron el momento en video, todo sucedió en cuestión de segundos.

Durante su infancia, el joven fue ubicado en el sistema de protección estatal tras ser hallado en situaciones de riesgo. Su madre había perdido la custodia de sus cinco hijos debido a problemas severos de salud mental, enfermedad que también afectaba a otros miembros de la familia. Mientras que sus cuatro hermanos fueron adoptados, Machado permaneció en centros de acogida porque presentaba síntomas relacionados con su condición psiquiátrica desde edades tempranas, lo que dificultó su integración familiar.

Los profesionales que lo atendieron señalan que el diagnóstico formal se retrasó considerablemente a pesar de evidencias claras. Sus conductas inusuales fueron interpretadas como problemas comportamentales más que como manifestaciones de enfermedad mental. Desde pequeño expresaba un deseo peculiar de viajar a África para entrenar animales salvajes, indicador que no fue debidamente considerado como síntoma de desconexión con la realidad.

Al cumplir dieciocho años, Machado fue desvinculado del sistema de protección sin recursos de apoyo. La ciudad donde residía carecía de estructuras especializadas para acompañar la transición a la vida independiente de jóvenes con estas características. Posteriormente ingresó al sistema penitenciario debido a pequeños delitos, alternando entre períodos de encarcelamiento y libertad sin recibir continuidad en tratamiento psiquiátrico.

Personal penitenciario que lo trató documentó su vulnerabilidad extrema, señalando que requería atención psiquiátrica constante, no confinamiento carcelario. Un funcionario difundió públicamente que el resultado era predecible: sin seguimiento profesional ni tratamiento adecuado, el desenlace era inevitable. El caso ha generado cuestionamientos sobre cómo los sistemas atienden a personas con enfermedades mentales severas en situaciones de abandono total.

Las autoridades del zoológico implementaron protocolos de contención para el animal sin necesidad de sedantes. El veterinario responsable explicó que el felino fue monitoreado tras el incidente traumático, señalando que ciertos eventos escapan a toda previsión normal. El equipo de veterinarios y biólogos estableció seguimiento prolongado según protocolos establecidos para animales que experimentan contacto con humanos.

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