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En Latinoamérica la pobreza retrocede a mínimos históricos aunque persiste la desigualdad estructural

Esteban Ortega

Latinoamérica y el Caribe registraron el año pasado su tasa de pobreza más baja desde que existen registros comparables, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). El organismo confirmó avances significativos en pobreza extrema, acceso a salud, educación, vivienda y niveles salariales. No obstante, advirtió que la desigualdad económica perpetúa otras brechas estructurales en la región, con algunos países entre los más inequitativos del mundo.

El 25,5% de la población regional, aproximadamente 160 millones de personas, vivía en pobreza por ingresos durante 2024, lo que representó una disminución de 2,2 puntos porcentuales respecto al año anterior. Esta cifra mejoró significativamente en comparación con 2020, cuando era superior en más de siete puntos porcentuales. La pobreza extrema descendió levemente al 9,8%, aunque no ha logrado recuperar los niveles de 2014, su punto más bajo en treinta años.

La pobreza multidimensional, que mide carencias en vivienda, salud, educación, empleo y pensiones, disminuyó del 34,4% al 20,9% en la última década. Este indicador mostró una tendencia positiva interrumpida temporalmente en 2020 por los efectos pandémicos. El avance se explica principalmente por incrementos en salarios reales que mejoraron ingresos de hogares, especialmente en República Dominicana, Costa Rica, México y Paraguay.

El empleo creció lentamente en 1,8%, impulsado por manufactura y servicios financieros. La tasa de desempleo bajó al 5,9% en 2024. Sin embargo, la informalidad afecta casi la mitad del empleo total, impactando desproporcionadamente a mujeres, jóvenes y trabajadores con menores ingresos, limitando su cobertura legal y protección social fundamental.

La concentración de ingresos permanece alarmantemente extrema en la región. El 10% más rico captura el 34,2% del ingreso total, mientras que el 10% más pobre obtiene apenas el 1,7%. Esta brecha genera obstáculos sistemáticos para acceder a educación y empleos de calidad que generen estabilidad económica duradera para las mayorías.

La pobreza multidimensional afecta desproporcionadamente zonas rurales, niñas, niños y adolescentes, así como quintiles con menor distribución de recursos. Los grupos vulnerables enfrentan desventajas acumuladas que los mantienen atrapados en ciclos de pobreza. Colombia, Brasil y Panamá figuran entre los países con mayores niveles de desigualdad socioeconómica del planeta entero.

La Cepal propone cinco estrategias para romper esta trampa: reducir desigualdad educativa, crear empleos de calidad, avanzar en igualdad de género, enfrentar discriminación contra personas con discapacidad, pueblos indígenas y migrantes, y fortalecer institucionalidad social y su financiamiento. Estas medidas deben orientar el diseño de políticas públicas regionales hacia mayor equidad estructural.

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